¿Cómo Motivarse?

En la categoría “Motivación” vamos a acompañar al Aparejador precisamente en esta coyuntura, esperando que las reflexiones que vamos a llevar a cabo sean útiles a fin de encuentre un objetivo motivador y recorra el camino hacia el mismo en la mejor situación posible.

La importancia del lenguaje

Ya hemos podido reflexionar sobre el papel que juega el lenguaje en las creencias. Y las creencias limitantes son la principal causa de que no alcancemos lo que queremos. Cambiar el lenguaje es un paso importante para cambiarlas.

El lenguaje como vehículo de nuestras creencias limitantes

La idea claves es que si nosotros usamos palabras que limitan nuestras opciones; en el fondo estamos pensando de forma limitadora, y por lo tanto estamos limitando nuestra capacidad de acción. Las palabras llevan al pensamiento y el pensamiento a la acción.

En definitiva,

EL LENGUAJE ES GENERADOR, NO ES INOCENTE.

 

Vamos a hacer algunas reflexiones acompañadas de ejemplos para darnos cuenta de esto.

  • Cuidado con usar insistentemente palabras tales como todos, nunca, nadie, siempre, la mayoría…Demuestran pensamientos limitadores, puesto que el que las dice está pensando sobre una base de generalización: todo es igual para todos.

Ejemplos:

“La mayoría de los españoles no saben idiomas”
“Los mayores de 50 años no encuentran trabajo”
“Todos los países anglosajones son aburridos”
  • Manifestaciones de incompetencia, incapacidad o de presunción de fracaso. Son otras demostraciones de creencias limitadoras. Hay personas que anticipan su fracaso:
“No soy capaz ni jamás llegaré a un puesto directivo”
“Es muy probable que no te vaya a gustar, pero te haré el retrato que me pides”

A veces reformular una manifestación limitadora es tan sencillo como invertir ciertos órdenes de la frase. Por ejemplo si decimos “Con la que está cayendo no voy a encontrar trabajo” la podemos reformular de la siguiente forma: “A pesar de la que está cayendo voy a encontrar trabajo”.

Un aspecto a tener en cuenta en nuestra forma de hablar, es que nuestras manifestaciones de incompetencia, voluntariamente adoptadas, se transmiten a los que nos oyen y lo peor es que se las creen. Si machaconamente en nuestros círculos familiares y profesionales, por ejemplo, estamos repitiendo la frase anteriormente señalada: “No soy capaz ni jamás llegaré a un puesto directivo” los efectos pueden ser nefastos:

  • De entrada nos rebaja, nos empequeñece, nos auto limita sin causa ni justificación alguna. Nos sitúa en posición muy frágil para cualquier reto importante.
  • Los demás nos ven como inútil, se toman como dogma de fe lo que nosotros predicamos. Pudiera que alguno de nuestros oyentes tenga noticia de algún puesto directivo que ha quedado vacante y nos encajaría bien, pero adoctrinado por nuestro discurso ni nos lo comunica. “¿para qué, si no va a poder asumirlo?

Animamos a hacer un esfuerzo en el cambio de nuestro lenguaje que tantas veces limita nuestra capacidad de conseguir metas.

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